Los Jokers diríamos que lo único malo del vino es que…se acaba. Pocas son las veces que nos quedan botellas sin servir la última gota y claro, queremos beberlas como recién abiertas. ¿Se puede? En el instante en que abrimos una botella el contenido queda expuesto y empieza a descomponerse. El gas argón se desplaza y se reemplaza por oxígeno, con lo que se activa el proceso de oxidación que puede acabar transformando el vino en vinagre. Esta condición no se puede remediar (excepto con el uso del Coravin) hay que abrir para beber, por ello está bien conocer algunos pasos que permiten una mejor conservación. Para sentar un punto de partida, los principales enemigos del vino una vez que lo hemos abierto, son los mismos que cuando aún no lo hemos hecho.
Obligatorios, que debemos evitar:
- Cualquier fuente de calor.
- Dejar la botella sin tapar.
Los mayores enemigos del vino:
- Temperatura. El nuevo lugar de reposo de todos los vinos será la nevera, tanto para blancos y rosados como para los tintos. Precisamente los tintos son los que más necesitarán esta condición. De la misma manera, si de antemano tenemos la certeza de que no vamos a terminar la botella, lo ideal sería servir en un decantador y guardar la botella en ese mismo instante. Lo fundamental es que en ningún momento el vino esté expuesto a una temperatura superior a los 22 grados.
- Oxígeno. Un poco es beneficioso y necesario, pero no más. Cuanto antes tapemos la botella mejor y si no tenemos un corcho especial que permite la extracción de oxígeno sería ideal cambiar el contenido a una botella más pequeña. Cuanto más líquido, menos oxígeno.
- Guardar en vertical. Al contrario de lo que sucede durante toda la preapertura ahora lo que ayudará a su mejor conservación será guardarlo de pie. De este modo, la superficie de contacto con el aire es menor y por tanto, la oxigenación será más lenta. También recomendamos moverla lo menos posible.
- Cambiar de botella. La mejor opción es cambiar el contenido que ha quedado a una botella de cristal más pequeña para evitar la mayor cantidad de oxígeno posible y que tenga un cierre hermético.
- Protege el vino de la luz. Cualquier lugar oscuro es válido. Sobre todo lo que se debe evitar es la luz solar.
Aún siguiendo al pie de la letra todos estos consejos debemos tener presente que tan solo alargaremos la vida del vino por unos cuantos días más y que esto también dependerá mucho del vino que tengamos en frente.

¿Qué vino abrimos?
Si vamos a tomar un par de copitas y tenemos dudas sobre qué vino nos apetece…puede que nos ayude a tomar la decisión qué tanto nos va a durar ese vino abierto. No es algo matemático y todo lo comentado anteriormente afecta, pero por norma suelen cumplirse los siguientes tiempos.
- Tintos con crianza. Han pasado tiempo en barrica y después han experimentado la microoxigenación en botella por lo que su evolución ha arrancado hace mucho tiempo y estamos ante vinos con taninos pulidos, una estructura refinada, acidez moderada y un cuerpo no tan vigoroso como en sus inicios. Todo esto hace que los vinos una vez abiertos aguanten en buenas condiciones entre 1 y 2 días.
- Blancos y rosados con barrica. Lo mismo que sucede con los tintos, la acidez de estos vinos es menor por lo que enseguida perderán totalmente sus propiedades. No dejes que pasen son días antes de acabarte la botella.
- Espumosos. Son los vinos que menos esperanza de vida tienen, se deterioran enseguida por lo que recomendamos su consumo en el día. El carbónico se escapa y la solución simplemente es abrir y beber. Es una obviedad, pero por si acaso vamos a dejar claro que el sistema de la cucharita no funciona.
- Blancos y rosados jóvenes. Son de las opciones menos delicadas al estar elaborados con frutas frescas por lo que si los conservamos adecuadamente pueden durarnos 3 días sin problema alguno.
- Tintos jóvenes. Son lo vigorosos, con mucha carga tánica y una acidez tan elevada como para aguantar unos cinco días. Es el vino maratoniano. Incluso podemos afirmar que en muchos de ellos encontraremos mejorías si lo consumimos al día siguiente.
- Naturalmente dulces y dulces. Son vinos ricos en alcohol y también en azúcares, características que permiten que se conserven durante más tiempo sin necesidad de nevera o de bodega ya que los microorganismos que se desarrollan en el vino tardarán más en reproducirse. Distinguiremos entre los vinos dulces creados a base de uvas ricas en azúcar, con un tiempo estimado de un mes desde su apertura y los naturales, a los que durante la fermentación se les ha añadido alcohol y tienen una esperanza de vinas de hasta seis meses.
Estás descripciones son generales y no hay que tomarlas al pie de la letra. Es decir, hay vinos con crianza que aún habiendo pasado mucho tiempo en barrica y también en botella, están tan “robustos” aún como un jovencito. Y hay vinos muy jóvenes que nunca tendrán ese punch y no aguantarán siquiera el primer asalto.

El último y mejor consejo… ¡Bébetela!